El calentamiento global modificó la agricultura canadiense y permitió que zonas cercanas al Ártico se sumen a la producción de soja y maíz. Según datos históricos, la temperatura promedio de las praderas norteamericanas aumentó 1,5°C desde la etapa preindustrial.
El avance de la frontera agrícola en Canadá responde a la adaptación del sector a nuevas condiciones climáticas. El fenómeno también se observa en otras regiones, como los valles patagónicos del sur argentino, donde se produce maíz.
El International Food Policy Research Institute proyecta que la producción granaria de Estados Unidos crecería más de 100 millones de toneladas hasta 2050, considerando el impacto del cambio climático.
La adaptación a estos cambios implica no solo nuevas técnicas, sino una forma de producción más orgánica y menos dependiente del capital físico, similar a la siembra directa implementada en Argentina.







