En el cierre del Foro Nacional de Agronegocios realizado en Puerto Madero, referentes del sector coincidieron en que el productor argentino logró una eficiencia notable puertas adentro, pese a la presión impositiva y los riesgos climáticos que afectan la rentabilidad.
Alejandro Elsztain (Cresud), Ignacio Bartolomé (GDM) e Ignacio Lartirigoyen (Lartirigoyen) señalaron que la brecha cambiaria y las retenciones siguen siendo los principales problemas. Según Elsztain, "el productor argentino se ha defendido tanto de todo lo que se le ha extraído, que hoy está en una posición privilegiada para competir con eficiencia".
El panel remarcó que la última campaña dejó entre 150 y 172 millones de toneladas y más de US$40.000 millones en divisas. Para 2026/27 hay buenas expectativas, aunque persisten los desafíos por el clima y los costos.
Bartolomé advirtió que el acceso a biotecnología y genética moderna es clave para mejorar la competitividad, y criticó la ley de semillas vigente desde 1978, que quedó desactualizada frente a los avances en transgénicos y edición génica. En soja, en Brasil se invierte US$4/ha en investigación y desarrollo, contra US$1/ha en Argentina. El 85% de los productores brasileños paga la semilla, contra el 40% local.
Ante la falta de acuerdo por la ley, la industria implementó el sistema privado Sembrá Evolución, con 30.000 productores adheridos. Bartolomé lamentó que "hoy gastamos exactamente lo mismo en controlar que en que nos paguen para desarrollar variedades".
Elsztain propuso una normalización gradual de las retenciones, mientras que Lartirigoyen fue tajante sobre la evasión en el pago de tecnología: "está mal, está pésimo, no hay excusa". Según Bartolomé, Brasil logra 500 kg/ha más en soja por estas diferencias.
Sobre oportunidades, los empresarios destacaron la escala de los productores argentinos y brasileños frente a los del resto del mundo, y la posibilidad de crecer en mercados como el Sudeste Asiático y África. Lartirigoyen proyectó que desde 2038 la población mundial podría empezar a bajar, pero cambiará la demanda de calidad y usos industriales.
Brasil fue el espejo en varios temas: inversión en fertilización, apoyo parlamentario y logística. Elsztain recordó que Cresud desembarcó allí en 2006, cuando la producción de soja era similar a la argentina, pero hoy Brasil triplica esa cifra. Lartirigoyen señaló que la logística sigue siendo una deuda pendiente, con fletes que pesan cada vez más en el precio del maíz y la soja.
Al cierre, Elsztain definió al productor actual como un "empresario tecnológico con activo biológico" y remarcó que la eficiencia argentina es puertas adentro, pero que en logística "eso es cercanía, no eficiencia".







