Pablo Campiti, productor de San Lorenzo, Santa Fe, inició en 2020 la producción de huevos de gallinas libres de jaula con salida a campo, en plena pandemia y ante la falta de regulación específica en Argentina. La decisión estuvo motivada por la búsqueda de una proteína saludable para su hijo con autismo y la necesidad de reinventarse tras el cierre de bares y restaurantes.
Campiti, junto a su hermano y un socio, importó desde Bélgica la estructura para el primer galpón y esperó seis meses hasta recibir las primeras pollitas. El proyecto, llamado Ekko Huevos, enfrentó el desafío de encontrar clientes en un mercado local sin antecedentes ni normas claras para este tipo de producción.
En ese momento, la clasificación de huevos en Argentina solo contemplaba el tamaño y no el sistema de producción, a diferencia de Europa y Estados Unidos. Según Campiti, "cuando vino Senasa a auditarnos nos preguntaron qué era lo que estábamos produciendo". Su establecimiento fue uno de los primeros habilitados y sirvió de modelo para el protocolo que luego se implementó.
Actualmente, solo tres empresas cuentan con permiso de Senasa para vender huevos libres de jaula en el país, lo que representa apenas el 3% del mercado. Campiti destaca la importancia de avanzar hacia una clasificación que informe al consumidor sobre el sistema de producción, como ocurre en otros países.







