La campaña 2026/2027 de maíz arrancó con perfiles bien recargados y buena humedad, una condición que permite apuntar a rindes altos si se ajusta la nutrición. Según Fertilizar Asociación Civil, la brecha entre el rinde promedio y el potencial sigue entre 30 y 40%, y la principal causa es la falta de nutrientes.
El diagnóstico de suelos al momento de la siembra es clave para definir la estrategia de fertilización. La medición de nitrógeno disponible y el análisis de fósforo permiten ajustar las dosis y cubrir los requerimientos del cultivo, tanto en siembras tempranas como tardías.
El nitrógeno sigue siendo el nutriente de mayor impacto sobre el rinde. Para producir una tonelada de maíz, el cultivo demanda entre 18 y 22 kg de nitrógeno. Las dosis promedio aplicadas, sobre todo en maíz tardío, solo aseguran entre 120 y 150 kg/ha, lo que limita el rinde a 6.000-7.500 kg/ha. Hay margen rentable para aumentar la oferta de nitrógeno y acompañar metas de rinde más altas.
Con el fósforo pasa algo similar: los cultivos extraen más de lo que se repone y muchos suelos perdieron fertilidad natural. Mapas de INTA Balcarce, la Universidad Nacional de Mar del Plata y Fertilizar muestran que más del 70% del área sembrada está en deficiencia de fósforo, un nutriente clave para raíces y definición temprana del rinde.
A medida que suben los rindes, también cobran importancia el azufre y el zinc. La nutrición balanceada, basada en diagnóstico y análisis de suelo, es la estrategia que mejores resultados viene mostrando.
En un año con buena humedad, fertilizar es una de las inversiones que mejor paga. El agua define el potencial y la genética amplía el techo, pero son los nutrientes los que permiten transformar esos factores en toneladas de grano.







