En Allen, Río Negro, la familia Ortega lleva adelante un modelo integrado de producción de maíz bajo riego, feedlot y comercialización de carne con marca propia, en una zona donde la actividad petrolera compite por tierra y mano de obra.
Julio Ortega comenzó hace casi veinte años a producir maíz bajo riego para transformarlo en carne. Con el tiempo, sumó servicios agrícolas y avanzó en la comercialización directa. Hoy trabajan unas 200 hectáreas, incluyendo la chacra original de 12 ha, donde instalaron un feedlot.
La estrategia de Ortega se basa en alquilar chacras abandonadas, recuperarlas y destinarlas a maíz. La rotación es nula: hace 17 años siembra maíz sobre maíz, con fertilización intensiva y ajustes en densidad de siembra. La ventana de siembra va de fines de octubre al 10 de diciembre. Los rindes promedian 11.000 kg/ha, con lotes que llegan a 18.000 o 20.000 kg/ha.
Entre 70 y 100 ha se destinan al picado, con producciones de 60 a 70 toneladas de materia seca por ha. La cosecha de grano se realiza entre mayo y agosto. Para enfrentar la falta de contratistas, la familia compró maquinaria propia y presta servicios a terceros.
Además del maíz bajo riego, los Ortega tienen un campo de secano de 12.000 ha, donde unas 200 vacas producen 150 terneros por año, aunque la sequía obligó a reducir el rodeo. Los terneros llegan al feedlot con 200 kg para recría y terminación. En el último año vendieron 1.200 cabezas, con capacidad para 1.600 anuales.
La integración incluye faena propia y compra de animales a terceros para abastecer carnicerías de la zona. Alquilaron un frigorífico de ciclo 2 para desposte y fraccionamiento, con la idea de avanzar hacia la venta de carne envasada al vacío en porciones chicas.
El equipo está formado por la familia y seis empleados, que se ocupan de todas las tareas. La diversificación entre agricultura, ganadería y servicios ayuda a sostener la rentabilidad cuando alguna actividad no cierra los números.
En una región donde el petróleo desplazó a la fruticultura y compite por la mano de obra, Ortega apuesta por un modelo integrado y advierte que la falta de crédito limita la posibilidad de escalar.







