Bioenergía y emisiones

El agro frente al debate por biocombustibles y emisiones de carbono

La media sanción de la ley de biocombustibles reavivó discusiones sobre el rol del campo en el cambio climático y la reducción de emisiones. El sector destaca la importancia de la fotosíntesis y la eficiencia productiva.

El agro frente al debate por biocombustibles y emisiones de carbono
Cultivo de maíz, clave en la captura de carbono y producción de biocombustibles

La media sanción de la ley de biocombustibles generó un avance para el sector, pero también reactivó debates sobre el papel del agro en el cambio climático y la reducción de emisiones. En redes sociales surgieron cuestionamientos tanto a la ley como al concepto de bioenergía, incluyendo el clásico debate entre producción de alimentos y energía.

El cambio climático es un hecho respaldado por la ciencia: la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera aumentó de 280 a más de 420 partes por millón desde la Revolución Industrial. La discusión actual pasa por las políticas a aplicar y la distribución de los costos, pero negar el fenómeno ya no tiene sustento.

La agricultura y la ganadería emiten gases como CO₂ y metano. Según la FAO, los sistemas agroalimentarios representan cerca del 30% de las emisiones globales, aunque dentro de la tranquera el aporte ronda el 15%. Sin embargo, el agro trabaja con carbono biogénico, que circula entre la atmósfera, las plantas, los animales y el suelo, y cuenta con la fotosíntesis como herramienta clave para capturar CO₂.

El desafío está en potenciar esa función con prácticas como la siembra directa, buenas rotaciones, cultivos de cobertura, manejo de pasturas e integración agrícola-ganadera. Medir el carbono, demostrar adicionalidad y asegurar su permanencia en el suelo son pasos necesarios.

Los biocombustibles aportan al balance: el carbono liberado al quemar etanol o biodiésel fue capturado previamente por los cultivos, a diferencia de los fósiles que suman carbono nuevo a la atmósfera. El Departamento de Energía de EE.UU. estima que el etanol moderno de maíz reduce más del 40% las emisiones respecto a la nafta. En Argentina, estudios muestran que el ahorro de carbono puede acercarse al 80% con tecnología de siembra directa y genética moderna.

Además del etanol, el sector produce biodiésel, biogás, biometano y avanza hacia combustibles sustentables para aviación. La biomasa no solo reemplaza energía fósil, sino que también impulsa nuevas cadenas industriales.

En ganadería, la reducción del metano entérico es posible mejorando pasturas, dietas, eficiencia reproductiva y manejo de efluentes. Existen aditivos como el 3-NOP, que puede disminuir las emisiones entéricas entre 25 y 35%. También se investiga con algas, taninos, aceites, vacunas y selección genética.

La intensificación sustentable es clave: producir más por hectárea y por unidad de insumo reduce la huella por kilo de alimento, aunque no exime de controlar las emisiones totales. El enfoque debe estar en cuánto alimento, energía y materia prima se genera por cada hectárea.

Argentina y Uruguay, con agricultura de secano, amplia adopción de siembra directa y sistemas pastoriles, tienen una oportunidad para transformar esa ventaja en información verificable, certificaciones y valor económico.

El agro es el único gran sector capaz de reducir emisiones y retirar carbono de la atmósfera. Una planta de maíz, una pastura o un bosque capturan CO₂ y lo transforman en bienes que pueden reemplazar a los combustibles fósiles. La política climática debería convocar y estimular a la agricultura para potenciar este rol.